Pierre de Jean Olivi: Precursor de los conceptos de utilidad subjetiva y el capital.
Murray Rothbard en su libro Historia
del pensamiento económico desde una perspectiva austriaca destaca las
contribuciones “deslumbrantes” al pensamiento económico, tal cual él mismo las
describe, hechas por el Fraire franciscano Pierre de Jean Olivi, quien elaboró
dos tratados sobre los contratos, uno sobre la usura y otro sobre las ventas e
intercambio, esto en el siglo XIII.
Pierre de Jean Olivi nació en
Serignan, en la diócesis de Béziers, en el año 1248, al cumplir 12 años tomó el
hábito franciscano en el convento de Béziers, posteriormente fue enviado a
París para perfeccionar sus estudios, donde tuvo la oportunidad de seguir las
enseñanzas agustinianas dictadas por Guillermo de la Mare, Juan Pecam y Mateo
de Aquasparta. No consiguió el título de
maestro en teología, sin embargo, alcanzó el bachillerato, existen tres interpretaciones
sobre el hecho de no haber alcanzado este nivel, una que por humildad no aceptó
y renunció al título, la segunda que dice que sus superiores al ver que era un
pensador demasiado independiente no autorizaron la titulación y la tercera también
relacionada con el anterior motivo, que debido a las tendencias rigoristas y
joaquinistas, las mismas que no gustaban a la orden, provocaron su no
titulación.
Debido a su pensamiento filosófico y
teológico, Olivi tuvo muchos enfrentamientos dentro de su orden, incluso siendo
obligado en un momento a firmar una carta, la llamada carta de los siete
sellos, en la que siete teólogos franciscanos formularon veintidós proposiciones
de cumplimiento, también el Papa Juan XXII condenó públicamente un escrito de
Olivi sobre el apocalipsis el 8 de febrero de 1326. Por ello mucha de su obra tuvo
censura, hasta destruida, y fue rescatada hace no tanto tiempo.
En parte gracias a toda esta persecución Olivi tiene una vasta
obra, incluso llegando a aportar en la evolución del pensamiento económico, Alvaro
Perpere en su artículo Petrus Iohannis Olivi y la valoración económica en su
tratatus de contractibus indica que Olivi se pregunta si se puede, sin caer
en pecado y lícitamente, vender algo a más de lo que vale o comprarlo a menos, poniendo
en el centro de si la actividad comercial era lícita, y para ello, antes de
juzgar la licitud de la actividad comercial se pone a la tarea de determinar y
establecer qué es lo que se entiende por valor cuando se habla del valor
económico de las cosas, el mismo que entiende está expresado en el precio del
bien.
Rothbard detalla su aporte en el
análisis de la determinación del valor económico, donde Olivie establece que el
valor económico de un bien está determinado básicamente por tres factores:
escasez (raritas) que es la dificultad o la facilidad que hay para adquirir el
bien, utilidad (virtuositas) que son las virtudes y propiedades naturales que
tienen las cosas y deseabilidad (complacibilitas) que es el mayor o menor beneplácito
que da la posesión del objeto.
En el pensamiento de Olivi la
escasez, lo que para nosotros hoy en día es la oferta, tiene un efecto claro,
que es que mientras más escaso es el producto tendrá un mayor valor y por ende
tendrá un precio más alto, luego mientras más abundante sea el producto,
provocará un menor valor y finamente un precio más bajo. Y abunda en el
análisis al sostener que los cuatro elementos (agua, aire, tierra y fuego) que
sin duda alguna son absolutamente necesarios para la vida humana, sin embargo, carecen
en la práctica de valor al momento de intentar utilizarlos para hacer algún
intercambio, y profundiza que la causa de esto no es que los hombres no necesiten
de esos elementos, sino que existen en abundancia.
Rothbard añade que Olivi hace un
aporte más que notable al investigar el que en ese momento era un concepto
vago, que era la necesidad o utilidad del bien. Se había llegado al consenso de
que el valor de un bien en el mercado estaba afectado en cierta medida por el
grado de utilidad de este bien, sin embargo, Olivi separó la utilidad en dos
partes:
Una era la utilidad objetiva del
bien (virtuositas) o virtudes y propiedades naturales del bien que son aquellas
características objetivas que el bien tiene, es decir, que cada bien, así sea
de la misma naturaleza que otro, tiene características singulares y propias.
Olivi crea un ejemplo con caballos, argumentando que un caballo fuerte es mejor
que un caballo de trabajo o de poca altura si la persona lo necesita para ir a
la guerra, su fortaleza lo vuelve objetivamente más apto para el uso que se le
quiere dar, y esta característica genera que el caballo fuerte sea más valioso que
el otro, es decir, el poder objetivo que tenga ese bien para la satisfacción de
lo que el humano quiere o necesita; la segunda parte para la determinación del
precio es la utilidad subjetiva, deseabilidad (complacibilitas) o el mayor o
menor beneplácito que da la posesión del bien, Olivi introduce una cuota de
subjetividad, puesto que el resultado está ligado directamente al bienestar o felicidad
que genera el adquirir o tener el bien y es establecida por cada consumidor individual.
El análisis de Olivi fue uno de los primeros en la historia que logró acercarse de manera correcta en el análisis del valor de los bienes y es el primero en descubrir la teoría de la utilidad subjetiva, uno de los pensamientos económicos que precedieron a la solución definitiva de la paradoja del valor ofrecida por la escuela austriaca de economía a través de la utilidad marginal. La paradoja del valor, es la conocida como la paradoja del diamante y el agua, en la que no se logra explicar que a pesar de que el agua es un bien más útil y necesario tiene un precio menor que los diamantes, que en teoría, son menos útiles y necesarios. La respuesta definitiva de esta paradoja fue alcanza por la escuela austriaca de pensamiento económico a través del concepto de la utilidad marginal.
La utilidad marginal, tal cual Rothbard explica en pocas palabras, es la que dice que el valor unitario de un bien disminuye mientras la oferta del bien se incrementa, por ello, un bien superabundante como el agua o el pan tendrá una utilidad margina baja, mientras que un bien raro como los diamantes tendrán una utilidad marginal mayor.
Olivi también fue el primero en introducir en el pensamiento económico el concepto de capital, como un fondo de dinero invertido en un negocio. El término capital ya había sido utilizado bastante en el siglo XII, sin embargo, esta fue la primera vez que alguien lo conceptualizó, y Olivi lo hizo mostrando que era posible utilizar el dinero de una manera fructífera y de generar utilidades, a pesar de esto Olivi mantuvo la idea de prohibir la usura, es decir, del préstamo de dinero sin que el mismo sea utilizado para la producción de bienes. A pesar de ello incluye en su pensamiento la idea del lucro cesante y la posibilidad del cobro de intereses cuando se haya perdido la utilidad de la inversión, sin embargo, coloca el limitante de que se podrá cobrar ese interés siempre y cuando el préstamo haya sido otorgado por caridad, de esa manera mantuvo coherente su idea de evitar la usura.
Rothbard finalmente resalta en su
libro la ironía de que el descubridor de la teoría de la utilidad subjetiva, con
un análisis muy sofisticado de como funciona la economía de mercado, el
iniciador del concepto de capital y un defensor, al menos en cierta parte, del
concepto de lucro cesante como un camino para justificar los intereses, haya
sido uno de los líderes del ala rigorista de la orden franciscana que creía
devotamente en seguir fielmente las reglas de total pobreza y caridad establecidas por
San Francisco de Asís fundador de la orden.
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